Dragón

El año pasado por estas fechas, sentí la necesidad de compensar a Adriana y a Valeria por una larga ausencia materna. Busqué un lugar de playa adonde llegara un tren directo desde Atocha y un hotel, y allí nos presentamos las tres dispuestas a disfrutar de cinco días de veraneo al más puro estilo mediterráneo. El plan era simple: desayuno con (mucha) calma, playa, baño en la piscina, comida, siesta, merienda, baño en la piscina, cena y fiesta loca, que consistía cada noche en ver los títeres que todos los veranos hay en el paseo marítimo y dar un paseo por la playa antes de volver al hotel. De noche y descalzas por la orilla. Llamad a asuntos sociales si queréis, pero hay momentos en los que no se le puede pedir más a la vida. Fue poner un pie en casa y empezar con el “cuándo volvemos, cuándo volvemos”… Y así hasta que encontramos un puente en junio para fichar este año, esta vez la familia al completo +1.

Buscando un destino playero-familiar para unos pocos días, en Peñíscola marcamos unas cuantas casillas: sol, buena y extensa playa, un pueblo bonito, ambiente agradable… Además, hemos dado con un hotel en el que ya casi nos sentimos como en casa, el Jaime I. Si una web es el espejo del alma, con esta os podéis hacer una idea. Y aquí también marcamos unas cuantas casillas, porque es pequeño, cómodo y familiar, está cerca del pueblo y de la playa, y se come mejor que en muchos hoteles que presumen de estrellas: zumo de naranja natural y café recién hecho en el desayuno, paellas, fideuás y platos de cuchara en las comidas, y un buffet de postres que abre bocas pero de asombro. No busquéis lujos, vistas paradisiacas ni miniclub; a cambio, encontraréis un trato familiar y un lugar honesto y bien mantenido donde los clientes son caras conocidas de un año para otro. El plan de veraneo es eldetodalavida.

Que nos hayan quedado ganas de tripitir es una buena señal.

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