Finn Herman

Aunque no os lo creáis, en esta casa se respiran de vez en cuando momentos de paz y tranquilidad. Son breves y escasos, pero existen, y suelen ser alrededor de un cuento o de una manualidad. Desde hace un tiempo, todos los meses tenemos una excusa para combinar estas dos actividades pacificadoras: la caja My Little Book Box que ha creado Boolino para fomentar la lectura entre los pequeños.

El concepto es igual que el de cualquier caja de suscripción periódica, sea de fruta, de verdura o de cosmética: en este caso, el contenido es un cuento y material para tres actividades plásticas relacionadas con la temática del libro. Aunque cuando lo conocí pensé que era una excusa para vender material de papelería a padres sin imaginación ni tiempo, he terminado por admitir la cruda realidad: no, la mayoría de los padres no tenemos imaginación, y mucho menos tiempo, así que las ideas buenas y bien presentadas son más que bienvenidas. Después de algunas cajas, lo único que no me convence es el nombre (no entiendo por qué algo tan largo y tan “en inglés”). A cambio, estas son algunas razones por las que me gusta:

– Te suscribes a una caja mensual, pero no tienes obligación de gastarte todos los meses los 18,90 € que cuesta. Si alguna caja no te interesa, la cancelas y punto.

– A finales de mes recibes un email con información sobre el cuento y las actividades que te tocan, y decides si lo quieres o no. Además, ves lo que traen las cajas de las demás franjas de edad (hay cuatro en total) para que la cambies si lo prefieres.

– Es perfecto para regalar: puedes comprar una caja suelta o usar la que vayas a recibir ese mes para algún cumpleaños que tengas cerca. A mí me parece un regalo completo y original.

– Los libros propuestos son joyas de la literatura infantil: nosotras hemos hecho grandísimos descubrimientos en estas cuatro cajas que llevamos. Incluyen una guía de lectura para que los padres podamos dirigir un poco la interpretación del cuento e instrucciones para hacer las actividades.

– El material que incluye es el necesario para las manualidades y también de muy buena calidad. Todo está cuidado al detalle y al final tienes la sensación de que, en conjunto, vale lo cuesta.

– Da para tener a toda la familia entretenida dos o tres tardes tranquilamente. A mí me ha venido fenomenal para estos meses de frío con recién nacido en casa (claro que no hay que quitar méritos al recién nacido, que nos ha dejado hacer manualiadades y de todo sin quejarse ni un poquito).

maceta-vacia

Y para muestra, nuestra caja de febrero. El cuento: La maceta vacía. Las actividades: unas macetas de arcilla, unas hojas de papel para hacer flores y un dragón chino de goma eva. Con el dragón estuvimos toda una tarde y quedó muy chulo. Y el cuento… pues es nuestro nuevo SUPERFAVORITÍSIMO. Tiene todo el sabor de la antigua China, dibujos de porcelana, una historia preciosa y, encima, moraleja sin resultar ni un poquito pedante ni previsible. Y los niños la calan enseguida, tomad nota si no lo que dijo Adriana nada más terminar de leerlo: “Mamá, este libro lo tengo que llevar al cole para que lo lea la profe en Atención Educativa, porque va de modelos positivos y modelos negativos”. Toma ya.

Normalmente la actividad la terminamos Adriana y yo empleándonos a fondo mientras Valeria nos ameniza la tarde con el baile del gorila (hay que fastidiarse) y Gonzalo le hace los coros a ritmo de “agú-agú” desde su trona. Muy completo, como veis.

Dragón chino

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