15dias

Fotografía: Pilar Villalain

¡Y no es una mami cualquiera!

Vuelvo con ganas de marcha porque lo hago con mi gran tema favorito: la lactancia materna. Un tema que podría enfocar de muchas formas y ninguna sería la correcta porque pocas cosas se prestan tanto a las opiniones externas como las decisiones de una madre. Mi punto de vista al respecto se resume en tres palabras (teta sí, siempre), pero voy a intentar que esta entrada sirva para animar a las primerizas que puedan estar leyéndola a dar el pecho y que en ningún caso se interprete como una crítica a las que no lo hacen. Aprovecho también para presentaros a Gonzalo, que ha venido a equilibrar las dosis de princesismo de esta familia a golpe de Gormiti y que ya tiene dos meses más que en esta foto. Quizás no se aprecie bien la aureola, pero es un SANTO.

Creo que una de las razones que me han llevado a escribir esto fue una noticia que leí hace tiempo: solo el 18% de las madres españolas sigue las recomendaciones de la OMS de dar el pecho hasta los seis meses. Y lo que más me llamó la atención fue esto otro: aunque la madre quiera amamantar, el camino no siempre es fácil. Porque la realidad es esa, que algo tan natural e innato en las mujeres —y en los recién nacidos— como es lactar, resulta ser, en la práctica, un reto difícil que muchas mujeres no consiguen superar.

Esta es mi tercera lactancia materna en menos de seis años y llevo muchas horas de vuelo con las dos anteriores. Aunque para mí las tres han sido “exitosas” —en el sentido de que los niños se han criado bien, yo no he tenido grietas ni mastitis y hasta la fecha las he prolongado todo lo que mis hijos y yo hemos querido—, en la primera los comienzos no fueron tan fáciles como en las otras dos. Con el paso del tiempo, me doy cuenta de que fueron las inseguridades propias y las influencias ajenas las que casi convierten en problemático algo que estaba funcionando bien. Pero la información es poder y una de mis mejores amigas me hizo el que de verdad es un regalo para toda la vida: el famoso libro del pediatra Carlos González sobre la lactancia materna. Es la fuente de información que te permite hacer caso omiso al 80% de los comentarios que escuchas cada día desde que nace tu hijo y que es capaz de resolver cualquier duda mirando el índice. Sí, eso que te pasa también está explicado ahí, y tiene una solución que no es dejar de dar el pecho. Incluyendo la mastitis.

Por el camino me he encontrado con mujeres que han elegido no amamantar, con mujeres que lo han hecho sin problemas igual que yo y con muchas otras a las que se les ha hecho más cuesta arriba por problemas derivados del parto, del posparto o del bebé. Muchas de estas últimas han conseguido dar el pecho en exclusiva a sus hijos gracias a una enorme fuerza de voluntad y a un apoyo impagable que las ayudó a pasar mejor los malos ratos y les infundió ánimos cuando pensaban que no valdría la pena tanto esfuerzo. En ese 18% del que habla el artículo habrá muchas madres que han decidido voluntariamente dejar de dar el pecho pero también muchas otras que lo han hecho sintiéndose frustradas, incluso fracasadas, y por desgracia mal asesoradas.

Como con casi todo, las opiniones respecto a la lactancia materna pueden llegar a ser bastante radicales, y es fácil criticar a la que no hace lo mismo que tú. Yo creo en el esfuerzo y la voluntad, y dar el pecho a mis hijos forma parte de mi visión integral sobre la alimentación en general y la infantil en particular. Aun así, soy consciente de que no siempre es un camino de rosas. Por eso estos son, para mí, los puntos de partida para una lactancia feliz:

– Ten toda la información que puedas antes de dar a luz, y apóyate en profesionales sanitarios —matrona, pediatra, enfermera— que piensen como tú. Lamentablemente, muchas veces son los propios sanitarios los que fomentan el biberón en lugar de ayudar a una madre que quiere lactar y no sabe muy bien cómo.

– Todas las mujeres pueden dar el pecho y todas tienen la cantidad y la calidad de leche que su hijo necesita, aunque no siempre se refleje en la curva de peso. Si quieres que tu lactancia materna salga adelante, evita la tentación de dar biberones, sobre todo al principio. Y, si puedes, olvídate también del reloj: cada niño es un mundo.

– Los bebés nacen con hambre y lloran. La manera de que dejen de llorar es ponerles al pecho al principio, todo el rato. A veces, eso significa muchas horas, de día y de noche, y es duro después de dar a luz. Pero son unos días y las mujeres de hoy no tenemos 20 hijos, así que no tenemos que pasar por eso 20 veces en nuestra vida.

– Las grietas solo salen por una mala posición del bebé. Infórmate, cuida siempre que la posición sea correcta y pide ayuda siempre que la necesites: en el hospital, en tu centro de salud o en redes de mujeres lactantes. Sea quien sea, que tenga criterio, y confía en que te va a ayudar.

– Dedícate a lactar en cuerpo y alma, ahora es tu trabajo: es como cocinar para tu bebé el plato más sabroso y nutritivo que puedas hacer. Eso lleva tiempo y a veces es muy cansado pero merece la pena. Además… no creo que haya nada más casero ni ecológico, ¡y gratis!

– Cuando tu bebé y tú le hayáis cogido el tranquillo a la lactancia materna, verás que es mucho más cómodo, práctico y rápido que dar biberones. Lo tienes que hacer tú y nadie más que tú, es verdad, pero, otra vez: ¿cuántos hijos vas a tener y durante cuánto tiempo van a ser bebés?

– Y tal vez lo más difícil: quítate de encima toda la presión que puedas y disfruta de tu bebé. Da el pecho todo el tiempo que tu bebé y tú queráis, pero hazlo tranquila y convencida.

 

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