Bye bye Summer

¿Hay alguien ahí? Espero que sí, y que vuelva pronto. ¿Qué es esto de abrir un blog y no hacerle ni siquiera un post de cumpleaños? ¿Qué ha pasado para que Adriana no se haya merecido una crónica de sus cinco añazos y la tarta correspondiente? ¿Por qué no cuentas que su regalo fue ir a ver juntas el ballet de Cenicienta sobre hielo en los Jardines de Sabatini? ¿Que te liaste la manta a la cabeza y te las llevaste a la playa en tren, por lo que tuviste que contestar tú sola a unas 359.839 preguntas que empezaban con “por qué”? ¿O las vacaciones en Ibiza, adonde SÍ se puede ir con niños? Nada, casi dos meses de mutis total, qué desfachatez.

El verano. La estación soñada que siempre resulta más larga de lo que queremos. Esa época del año donde tu nivel de ocupación es inversamente proporcional al de tus hijas. Mucho ir y venir, hacer y deshacer maletas, desmontar para organizar después, y las hormonas inductoras del sueño e inhibidoras de la energía haciendo el resto.

Por suerte, hasta eso se acaba y poco a poco volvemos a la normalidad. Sé que soy un bicho raro pero el otoño me encanta y en Madrid, más. Me gusta ponerme una chaqueta por las tardes, recordar los primeros de días de colegio y el olor a estuche nuevo, la luz de las tardes de septiembre, los higos y las primeras mandarinas, esas que son como limones. Y poder decir adiós al calor es quitarme una pesada losa que no me deja ir a ningún sitio con alegría y buen humor. Otra vez se abre ante nosotros un mundo de actividades, dentro y fuera de casa… por ejemplo, tomar un café con leche en la Plaza Mayor o, mejor, un chocolate con churros en San Ginés.

Así que dejadme que me dé el gustazo: ¡feliz y fructífero otoño!

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