Matadero day

Qué monas, sí. Ahí, posando tan formalitas, como si quisieran hacernos creer que siempre son así. Escuchando atentas a la monitora, como si en el fondo no estuvieran deseando poner Clan. Eligiendo letras en las que sentarse y sonriendo a la cámara, como si fueran tan obedientes. Si os digo que durante los días siguientes Adriana sufrió el famoso Síndrome de la Adolescencia Infantil me llamaréis exagerada, pero creedme cuando digo que tengo (muchos) ratos de exasperación.

Para relajarme, voy a intentar evocar los recuerdos placenteros de ese día: un plan a exactamente 650 metros de nuestra casa. Se nos está animando el barrio y la verdad es que deberíamos aprovecharlo más: con Madrid Río, el Matadero (que cada vez tiene más y mejor contenido) y los garitos que han ido abriendo al rebufo, la monotonía se ha mudado de zona. En menos de 12 horas cenamos, desayunamos, aprendimos y paseamos por el Matadero y sus aledaños.

– Sábado, 21.00: cena en la Cantina del Matadero porque Olivia ha venido a cuidarnos también a nuestro barrio. Buen ambiente, gente guapa y comida sencilla y apetitosa a precios decentes. Quizás es un pelín incómodo con niños por el elevado riesgo de tropezones de camareros. La buena noticia es que tienen una estupenda terraza detrás y dos hermosas mesas delante, con vía libre para correr y jugar. Que sepáis que una de ellas ya tiene nuestro nombre, pero os hacemos un hueco.

– Domingo, 10.30: desayuno en el Costello Río. Lo más moderno que hay en el barrio de la fertilidad (sic) está de boca en boca. Y con razón: mucho espacio, buen rollo, una carta amplia e informal y una sensación de tranquilidad que no se traduce en molestar a los demás. Todo eso podría ser un poco más barato, pero es verdad que un domingo por la mañana, con el sol entrando por esos grandes ventanales, se está bastante bien.

– Domingo, 11.30: sesión de apps en la Casa del Lector (la “casa del director”, según Adriana, o “la casa de Héctor”, según Valeria), dentro del Matadero. En distintas sesiones a lo largo del fin de semana, Frikids y qpertin (¿de qué me sonará este nombre?) acercaron a los niños tabletas y apps de todo tipo y estos jugaron a sus anchas. La actividad fue interesante (nos vinimos directas a instalar la app Art Maker) pero lo mejor fue disfrutar un rato de un espacio que, si estuviera en Estocolmo, justificaría un previsible qué-inteligentes-son-los-suecos o un cómo-se-lo-montan-estos-suecos.

– Domingo, 13.00: paseo por el Matadero y, de un salto, a Madrid Río, donde se puede hacer de todo. A estas alturas no descubro nada nuevo, pero es estupendo tener algo así al lado de casa. Si aún no os habéis tirado por los toboganes, aprovechad cualquier fin de semana de estos antes de que el calor empiece a apretar.

“Un plan perfecto para un día perfecto”. Peppa Pig, 2013.

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