Tapasburgos

Nota 1. Antes de que dejéis de seguir mi blog, llaméis a asuntos sociales y me denunciéis: lo de los vasos es mosto. Que nada les gusta más a mis niñas que una tapita con su mosto tinto (sin hielo ni limón, por favor). Y olé.

Pues nada, tal y como estaba previsto, pasamos las vacaciones de Semana Santa en Burgos. Y tal y como estaba previsto, el buen tiempo no nos acompañó. Podríamos haber hecho cualquiera de las cosas que os recomiendo aquí pero lo cierto es que no nos ha dado para tanto: cumplimos con los garbanzos de vigilia, el bacalao y la torrija en casa de los abuelos. Y fuera, dos de cine y media de cumpleaños, regados con un par de visitas a familiares y encuentros con amigos. Nos tenemos que dar por satisfechos.

Últimamente, varias personas nos han pedido recomendaciones sobre sitios que ver y, sobre todo, donde comer en Burgos. No necesito mucho más para convertir todos esos correos en una entrada y así, en la próxima consulta, solo tener que pegar el enlace y de paso hacerme un poco de propaganda. Vaya por delante que para niños, lo que se dice para niños, muchas cosas no hay, pero supongo el objetivo de la visita debe ser otro, por ejemplo pasear, visitar monumentos, comprar y comer. Además, este año es Capital Española de la Gastronomía así que no veo mejor excusa. ¡Que el dichoso y erróneamente llamado “mal tiempo” no os eche para atrás! Porque no es que el tiempo sea malo, es que es… así. Como de Burgos.

Nota 2. Animo a la sección burgalesa a completar la siguiente lista de recomendaciones en los comentarios, ¡quedarán para la posteridad! Gracias de antemano por vuestra colaboración.

PARA DORMIR:

No puedo decir mucho, porque lógicamente siempre me he alojado en mi casa, pero cualquiera de los hoteles que encontraréis estará bien y la mayoría está en el centro, así que todo dependerá de vuestro presupuesto y de la oferta que encontréis. Los de las principales cadenas (NH, Silken y AC, sobre todo) son una apuesta segura y su situación es perfecta pero, por ejemplo, hay un hotelito discreto y supercéntrico (La Puebla) que puede ser una estupenda opción.

PARA COMER:

En general, tapear en Burgos no es barato pero si vais a los sitios clave no os arrepentiréis:

– En la calle San Lorenzo (desde la Plaza Mayor). Son típicos los cojonudos y las cojonudas en El Pancho (ellos, con chorizo; ellas, con morcilla). También los ponen en el bar de enfrente, Los Herreros, y en ambos ponen muchos otros pinchos buenos. Las patatas bravas, picantitas, en La Amarilla. Capataces, gildas y escabeches varios en El Orfeón Burgalés (mi adicción a los pepinillos y al vinagre viene de familia: este es mi sitio favorito). En esta misma calle hay algunos bares nuevos pero yo creo que sigo prefiriendo estos, y más si no vais a repetir.

– En la calle Sombrerería (muy cerquita de la catedral). Dos grandes clásicos son las patatas bravas del mesón Burgos y los mejillones de la Mejillonera (aquí también son famosas las bravas pero también en esto hay dos bandos, y yo soy de las de no). Y se tapea genial, aunque suele estar a tope, en El Morito. Aquí hay de todo bueno, bonito y sobre todo barato (no os perdáis las alpargatas). Cualquiera de los demás bares de esta plazuela está muy bien, sin olvidar el Gaona Jardín, un pelín escondido.

– En la calle Avellanos. El Tenorio tiene en general buenas tapas aunque la más famosa es la patata asada (qué cosa más simple y más buena) y hay una oferta enorme y buenísima en La Favorita, donde también se puede comer sentado igual de bien. Aquí merece la pena parar, que es grande y se está a gusto a cualquier hora.

– En La Flora (entre la catedral y la calle Avellanos) está El Royal. Igual tiene menos glamour pero también se tapea bien y normalmente no hay tanta gente. Casi siempre es nuestro plan B cuando somos muchos y no sé por qué no lo convertimos en plan A directamente.

 – El archiconocido Pecaditos. Lo veréis hasta en la sopa, porque se han reproducido como por esporas. Un invento burgalés de pro que, para variar, hemos sabido vender extra muros, franquicia mediante. Es barato y resultón, y en Burgos ahora mismo es lo que más tirón tiene porque no se come mal (a base de bocadillitos de pan regulero pero con un relleno que lo compensa, a 1 €). Quizás el más grande sea el que está al lado del Museo de la Evolución, frente a la oficina principal de Correos.

Y si queréis algo más tranquilo y estructurado:

– Si no os gusta el cordero, es que no habéis probado el lechal asado en Burgos. Para no quedaros con la duda, ni con las ganas, os recomiendo que os cojáis el coche y vayáis a Quintanadueñas, a 6 km escasos, donde lo ponen espectacular y a buen precio: el asador Casa César. También son buena opción los restaurantes en la zona del Hospital del Rey, seguramente el mejor sea Casa Azofra. Para los valientes, una cabecilla. Que no se diga.

– Otra excursión interesante y también a pocos kilómetros de Burgos es ir a Ibeas de Juarros y comer una olla podrida en el restaurante Los Claveles. El atractivo del plato es radicalmente opuesto al de su nombre (que, curiosidad lingüística, en realidad viene de “poderosa” = potente como un cañón en el estómago). Se trata de alubias rojas (del mismo Ibeas, las mejores del mundo mundial) con chorizo, morcilla y casi todas las extremidades del cerdo, adobadas. Si os gusta este tipo de platos creo que no deberíais dejar de probarlo, y este sitio en concreto es espectacular en todo. También en Burgos podéis encontrarla y os la deberían poner buena en cualquier parte. Claro, que… ¿quién no ha comido paellas horribles en Valencia?

– Para daros un homenaje, el Ojeda es, posiblemente, el mejor restaurante de Burgos. Está en la plaza del Cordón, al lado de la Casa del Cordón, que ahora es la sede de la Caja de Burgos (o lo que queda de ella) y tiene de particular que fue el sitio donde los Reyes Católicos recibieron a Cristobal Colón después de su segundo viaje a América (lo pone por algún lado y yo me lo aprendí para el cole… poco después de tan histórica fecha). En la Plaza del Rey San Fernando (la de la Catedral) está el restaurante Puerta Real, también recomendable.

PARA VER:

La catedral, claro, la veréis todo el rato, y las calles colindantes (Fernán Gómez, la Paloma, Laín Calvo…). A los niños les hará gracia el Papamoscas así que os recomiendo que intentéis estar dentro la catedral y mirando para arriba a las horas en punto. Visita obligatoria: la Cartuja de Miraflores. Enteraos de los horarios, porque creo que se puede entrar a cualquier hora pero si coincide que hay misa (que tampoco pasa nada, tiene su encanto) tendréis que esperar a que termine para entrar a ver la Cartuja por dentro. Los alrededores son muy verdes y por allí pasa el enorme parque de Fuentes Blancas, el lugar donde transcurrían las tardes estivales de antaño (una estupenda parada técnica es tomarse un pincho de morcilla en el restaurante de la Fuente del Prior, bajando desde la Cartuja). Por tener, tenemos hasta playa, ahí mismo.

El Monasterio de las Huelgas también es bastante espectacular, al menos por fuera (bueno, y por dentro, porque vive un pendón muy importante), y merece la pena darse una vuelta por esa zona (muy cerca está el Hospital del Rey, un antiguo albergue de peregrinos que ahora es la sede de la universidad). También podéis subir al castillo, que son cuatro piedras desde las que se ve una bonita panorámica de la ciudad y, sobre todo, pasear por el centro. Y, si tenéis tiempo, visitad el Museo de la Evolución Humana, modernísimo por fuera y prehistórico por dentro. También es muy agradable ir por el Paseo de la Isla, saliendo de la Puerta de Santa María a la derecha, en paralelo al río. Quizás sea una zona menos conocida por el turismo de masas pero es un paseo precioso y, al final, os encontráis con unos columpios cidianos que ya los querría para sí cualquier parque de Madrid (y no me refiero solo a la horrible arena que aquí nos invade).

Por último, os recomiendo un impresionante documento gráfico de más o menos todo esto en este excelente blog de cocina que encontraréis aquí y aquí. Y también su receta de la olla podrida, para que os podáis hacer una idea de lo que es y, si os viciáis, repetirla en casa.

Como para no entrar en calor.

Anuncios