OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Adriana necesitaba desde hacía tiempo algo que la sacara de esta espiral de princesismo agudo en la que lleva inmersa desde que cumplió los cuatro años. ¡Y qué ingenua era yo, pensando que me libraría! Desde que el departamento de marketing de Disney tuvo la brillante y rentabilísima idea de convertir a Blancanieves, Cenicienta y la Bella Durmiente (que para mí toda la vida habían sido protagonistas de cuentos, sin más) en barbies con coronas, tacones y purpurina, tener una hija y que no le gusten las princesas es tan poco probable como ir a Burgos en Semana Santa y que no haga un frío que pela (ya me estoy preparando psicológicamente) o que en las noticias deportivas no hablen de fútbol. Más bien imposible.

Y he aquí que en una de nuestras visitas a De Cuento encontramos ¿Hay algo más aburrido que ser una princesa rosa? Al ver el título se me abrieron las puertas del cielo y, aunque no tenía ninguna excusa para comprarlo, lo hice. (“¿Se te ocurre alguna razón de más peso que ESA?”, me pregunté. “Pues no”, me contesté.) La sorpresa fue comprobar que les gustó mucho a las dos. Vamos a ver: que en teoría no debería hacer falta ningún libro para explicarles a tus hijas que lo importante no son los vestidos que se pongan ni el color de la goma del pelo, sino que es mucho más divertido jugar, saltar, correr e imaginarse cazando dragones que ver la vida pasar desde nuestra butaca rosa para que no se nos rompan las uñas. Pero cuando el ejemplo materno parece que no sirve y quizás pensando en que todavía son ligeramente moldeables (dentro de la cabezonería genética), buscamos un apoyo en forma de cuento chulo, y este lo es. Doy por hecho que sigue la estela de otros anteriores y a la sazón revolucionarios como Rosa Caramelo, que una vez más descubrimos vía rellano (gracias, vecinas) y que también nos ha encantado.

Con estos antecedentes, nos iremos el próximo sábado 9 de marzo a la librería La Mar de Letras (otra vez) porque han organizado unas actividades en torno al libro Rosa Caramelo y al Día Internacional de la Mujer. Ser madre de dos hijas (niñas) significa esperar que tengan las mismas oportunidades que sus primos (niños), por ejemplo. Supongo que viviendo en esta época y en este país damos por hecho que es así, pero lo cierto es que a poco que rasquemos comprobamos que no siempre. Y si pensamos en cómo están las mujeres en otros lugares del mundo, entonces ya sí que se te ponen los pelos de punta. Pero me da rabia que tenga que haber un día en el que reivindicar nuestras cosas y compensar el resto del año, y no que todos fueran de hombres y de mujeres a partes iguales. Adriana me preguntó que para qué es el día de la mujer y mi respuesta fue, simplemente, que para asegurarnos de que las chicas somos iguales que los chicos. Qué perugrollada, ¿no?

Eso, y procurar ser ·no solo· princesas rosas.

Anuncios