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Hay cosas que no tienen explicación. Que nos den la oportunidad de tomar decisiones que son potencialmente buenas para todos y la desaprovechemos por estar pendientes solo de nuestro ombligo. Que defendamos la educación pública pero que el criterio de sus profesionales no nos valga. Que nos quejemos (con razón) de que en este país es dificilísimo compaginar el trabajo con los niños y luego tiremos piedras contra nuestro tejado conciliador. Que nos parezca normal que nuestros hijos tengan jornadas escolares más largas que las nuestras laborales. Que en nuestra escala, las prioridades anden de parranda. Que no veamos más allá de nuestras narices.

Por suerte, hay pequeñas cosas que te quitan ese mal sabor de boca. Que la persona a quien compras la leche te la traiga gratis solo porque le pilla de camino. Que tus compañeros de trabajo y tus jefes entiendan que tienes dos niñas a las que has de atender en toda su dimensión. Que el profesor de natación os llame “trío inseparable” y que te guste oírlo. Que el que te vende por Internet las harinas con las que horneas panes y bizcochos lo haga siempre con buen rollo y te eche un detallito a la caja. Que gente que sabe mucho de sus cosas dedique horas y horas de su tiempo a demostrarte (a ti y a medio país) que lo que creías imposible en realidad se puede hacer. Que lo consigas y te sientas realmente bien. Que tu prima se moleste en recordarte que os estáis perdiendo algo fantástico solo porque nunca te acuerdas de hacerlo. Porque eso tampoco tiene explicación: que yo nunca hubiera hecho crêpes no tiene ninguna explicación.

Ingredientes para cuatro crêpes finas pero hermosas:

– 125 gramos de harina

– 250 ml de leche

– 1 huevo

– 1 pizca de azúcar

– 1 pizca de sal

– 1 chorrito de aceite de oliva

(Si queréis 4 crêpes menos ligeras y más contundentes, añadid un huevo más y sustituid el aceite por 25 gramos de mantequilla derretida. Si queréis ocho, multiplicad los ingredientes por dos, ¡ja, ja! Para rellenos salados y con enjundia, seguramente sean mejores las primeras; para postres rotundos y flambeados, sin duda las segundas.)

Elaboración:

Complicado, largo y tedioso: batir todos los ingredientes con las varillas o, más difícil todavía, con la batidora. Para evitar que se hagan grumos, es mejor tamizar la harina y que la leche no esté muy fría, esto es todo lo que se debe tener en cuenta. Dejar reposar la masa al menos media hora en el frigorífico. Poner al fuego una crepera o una sartén antiadherente o de hierro y untarla con un pelín de mantequilla o unas gotas de aceite. Llenar un cazo de sopa con masa y verterla en la sartén distribuyéndola bien hasta llenar todo el fondo con una capa fina. Dejar hasta que se despegue (un par de minutos) y darle la vuelta de un saltito, con brío y decisión (o con una espátula). Dorar otro par de minutos por el otro lado. Servir y rellenar con lo que queramos, dulce o salado.

Y lo mejor de todo es que se puede dejar la masa preparada de un día para otro: la haces, por ejemplo, un viernes por la tarde (5 minutos), la guardas tapada en el frigorífico (5 segundos), la sacas el sábado por la mañana y, mientras se hace el café, preparas las crêpes (5 minutos). Terminas de montar el desayuno (azúcar y unas gotas de limón, mermelada, crema de chocolate… ¿necesitas más ideas?) y montas un festival familiar del que hablarán tus nietos.

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