Menú semanal

Sí, ya sé que siempre estoy hablando de comida. Sí, ya sé que soy muy organizada y ordenada y planificadora. Siempre he sido así, incluso cuando de mí no dependían dos inocentes e indefensos seres. Soy de esas personas que, la víspera, dejan preparado el desayuno encima de la mesa. De esas que hacen listas de listas de cosas. De esas que llevan al milímetro los flujos de caja del congelador. Yo soy de esas, sí.

Se da la circunstancia de que mis hijas comen todos los días en casa. Esto en una ciudad pequeña no tiene ningún mérito pero viviendo en Madrid no es fácil ni es lo habitual. No sé cuánto durará pero, mientras las circunstancias me sean propicias, tengo la intención de aprovecharlas para no recurrir al comedor escolar. No solo por la comida en sí (que también) sino porque, para mi mente de provincias, salir del cole a mediodía supone un descanso, una desconexión y sobre todo un buen momento para que las hermanas estén juntas y compartan un rato agradable.

Seguro que hay mucha gente que improvisa las comidas diarias sin problemas. A mí me resulta mucho más fácil dejar preparado cada domingo el menú para toda la semana (que por supuesto puede sufrir variaciones sobre la marcha) en lugar de tener que sacar del congelador cosas a deshora o de irme al parque toda la tarde sin saber qué cenaremos a la vuelta. Y lo hago sabiendo de antemano lo que voy a recibir en la caja de verdura del martes y también en función de lo que tengo en casa. No es ser exagerada ni cuadriculada: es ser práctica. Los diez minutos que dedico un día a pensar lo que voy a poner es tiempo que me ahorro los otros seis.

En sí, hacer un menú equilibrado, variado, rico y que se pueda dejar hecho con antelación es bastante fácil. Pretendo que sean comidas apetecibles para los niños pero no “infantiles”, así que son cosas que comemos todos aunque sin grandes alardes de creatividad ni pretensiones de alta cocina. Es, básicamente, lo que yo comía cuando iba al colegio, con recetas y platos que se han ido incorporando con el tiempo. Sin ser dietista ni nutricionista, solo aplicando el sentido común, la planificación de lunes a sábado es sencilla:

– Para comer: de primero, un día legumbre, otro pasta o arroz y otro verdura, y repetimos esquema (el séptimo día descansé… digo… suelo poner cosas más especiales sin pensar mucho en qué categoría entran, o lo dejo libre por si comemos fuera). De segundo, alterno carne y pescado, y suelo poner huevos cada quince días. Intento poner ternera un par de veces a la semana, dejar el cerdo solo para cuando hay cocido o similar y tirar más de pollo y pavo. En cuanto al pescado, uno o dos días procuro que sea azul.

– Para cenar: lo suyo es que haya lo que no ha habido en la comida (si era verdura, en la cena algo de cereal; si era carne, en la cena pescado o huevos; si era pescado, en la cena pollo o huevos).

– Muchos días pongo plato único, una solución de esas “muy socorridas”. En este caso, es bueno incluir ingredientes de todas las categorías (proteína, verduras, hidratos de carbono) para asegurarnos de que de verdad sea una comida completa. En un mundo ideal, todas las comidas y cenas llevan algo de verdura, y eso se puede conseguir con una buena guarnición en los segundos platos pero, claro, luego las criaturas se lo tienen que comer. Otros consejitos interesantes son intentar consumir cereales y arroz integrales, tomar un yogur al día y tres huevos a la semana, usar poca sal, sustituir el azúcar blanco por azúcar de caña, melaza o miel y, cómo no, acompañarlo todo de un buen pan a ser posible un poco integral (pero integral de verdad).

Y finalmente está el tema de la calidad. Dado que no son platos demasiado sofisticados y teniendo en cuenta que Adriana y Valeria comen “normaloscurocasipoco” (no siempre llegamos a las cinco raciones diarias de fruta y verdura, por ejemplo), a mí me da bastante tranquilidad mental pensar que lo que comen es todo lo casero y natural que les puedo ofrecer. Por eso me aplico en que, en la medida de lo posible, el tomate frito de los macarrones, la masa de la pizza, las hamburguesas de pollo, las croquetas de la cena, las magdalenas del desayuno o el pan de la merienda sean caseros. Es trabajo, sí, pero a mí me compensa.

Si queréis menús menos infantiloides que además incluyen sus recetas correspondientes, os remito a mi queridísima Su de webos fritos, que todas las semanas pone también una planificación de comidas.

Y hasta aquí la clase  de hoy de nutrición infantil en versión de andar por casa. Si os interesa el tema, podemos hacer entregas.

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