Disfraz arbol

Ya he dicho que yo no tengo buena mano para la costura. Pero también que cuando llega el momento de disfrazar a las niñas de cualquier cosa las hormonas del amor propio se me disparan y tengo que salir corriendo a la mercería a por telas e hilos aunque solo lleve una idea muy vaga de lo que vaya a hacer. Y luego es que entro en un chino y me pongo a estornudar, será la mezcla de olor a plástico y a naftalina. Así que, para convencerme a mí misma de que merece la pena gastarse más de 10 € y darse la paliza de malcoser hasta las 2 de la madrugada, me digo que es bueno que las niñas vean que estas cosas también se pueden hacer en casa, que se estimula la imaginación (sobre todo la mía) y que, como pasa con la comida, es algo que apreciarán cuando sean mayores.

Este año aún no sé lo que va a caer, porque Adriana ya me ha avisado de que no quiere repetir modelito (#ayseñor). Pero como ya estamos en “esas fechas”, y siempre pensando en la información de servicio que pueda proporcionar este blog, os pongo el disfraz de árbol de Navidad del año pasado, aunque ya en su día advertí que se parecía más a un vestidito de Ágatha Ruiz de la Prada que a otra cosa. Aviso, además, de que lo hice todo de manera muy improvisada, así que disculpad si las medidas y las herramientas no son lo más preciso del mundo y concedeos un poco de improvisación y de imaginación también vosotros, que por otra parte será lo que haga vuestro disfraz realmente “vuestro”. Una se va a la cama a las 2 de la mañana agotada pero con la sensación de haber cumplido su misión en el mundo.

Ingredientes:

– Tela de foam color verde árbol, esa que es un poco acolchada por abajo y ligeramente brillante por arriba. Se encuentra en mercerías y tiendas de telas, si es que todavía existen. No sabría decir la cantidad exacta, porque también depende del ancho de la tela que encontréis. Si es doble ancho (un término muy de mi infancia), con un metro os debería bastar. Yo siempre compro algo más para curarme en salud y porque, si sobra, no viene mal tener por ahí una cajita de retales.

– Pegamento Imedio especial tejido. Esto solo es necesario si no queréis coser.

– Hilo verde y aguja.

– Lo que queráis para los adornos: espumillón, cinta de raso, fieltro, foam de otros colores, cinta de regalo…

– Para la estrella: una diadema, un metro de cinta de raso verde para forrarla, como hice con las calabazas, y lo que encontréis para decorarla. Yo le puse una estrella atada con alambre verde del de jardinería y, para evitar hacerle a la niña unas incómodas y feas heridas en la cabeza, forré la parte interior de la diadema con más foam. El caso es que la estrella se cae para adelante, así que os aconsejo otra cosa que pese menos aunque no sea tan vistosa.

Elaboración:

Como yo no sabía muy bien por dónde empezar, lo que hice fue coger un vestido de Adriana y usarlo de patrón. Elegí el típico vestido que es más bien una camiseta larga un poco evasé (algo así) dejando un par de centímetros más o menos de margen a cada lado porque, lógicamente, le tiene que quedar holgado, y por eso también el cuello y las sisas (otra palabra preciosa que siempre he escuchado a mi madre: el sobaco, en román paladino) los hice más grandes.

Yo lo que quería era darle capas y, de repente, me vi con que no sabía cómo. Así que lo que hice fue dividir ese patrón en tres partes a lo alto y sacar tres piezas que iban en progresión, de menos a más y de arriba abajo. Y corté dos piezas de cada, así que deberéis tener un total de seis piezas para el vestido (si queréis hacerlo exactamente así, claro).

Para dar la forma de las ondas me las ingenié con un cuenco. Muy profesional, ya lo sé. Con él fui dibujando semicírculos en la base de cada pieza de manera que quedaran unas ondas niveladas y homogéneas. Cuando tenía hecho un lado, lo usaba de plantilla para dibujarlo en su pareja, y así sucesivamente.

Después fui cosiendo las tres partes entre sí. El foam es muy agradecido porque, aunque lo hagas mal, siempre queda bien. Yo lo cosí del revés, y así es todavía más difícil equivocarse: luego le das la vuelta y está perfecto.

Cuando tuve cosidas las tres partes, las junté y para ello usé el pegamento, que también es mágico. Parece que no pega, pero no: después de unos minutos, aquello ni se mueve. Fui poniendo un hilito de pegamento en la parte de arriba de las dos piezas inferiores y superponiendo capas. Cuando me di cuenta, tenía un vestidito maravilloso y estaban a punto de saltárseme las lágrimas.

Arbol sin adornos

Por último, retoqué el cuello y las sisas para que casaran bien del todo y descosí un poco la parte de arriba, al lado del cuello, para dejar un poco más de margen y poder abrirlo y cerrarlo con un corchete. Habría quedado de concurso si hubiera rematado los bordes, pero la verdad es que así queda bien y no se deshilacha nada. Eso lo dejo para cuando llegue al nivel avanzado de costura.

Para los adornos recurrí a un vaso y a unos cortapastas de lazo y de estrella que tengo por casa, y con esos saqué las formas, tratando de hacerlas de distintos tamaños. Las recorté y las pegué con pegamento y os prometo que en un año no se ha caído ni uno, es imposible. El resto de la decoración, con espumillón o lazo, o nada de nada, es al gusto.

El vestido lo terminé con lo que tenía por casa: unos leotardos blancos y una camiseta color crudo que tenía algo de brillantito, pero valen unos leotardos marrones y una camiseta verde, claro, eso le da un toque muy pino. En los pies le puse unos calcetines con espumillón cosido que a última hora tuve que abrir un poco porque no entraban ni bien ni mal y fue lo que provocó la tan temida last-minute scene. De todo se aprende.

Y yo que quería que las entradas en mi blog fueran breves…

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