Estas galletas las hicimos por primera vez para el cumple de Adriana este verano. Las vi en el blog de Pepacooks (que está muy bien, de hecho ya me inspiré en su tarta de Mickey para el de Valeria) y me parecieron originales, apetecibles y fáciles, además de más chulas que las mías pero eso es aparte. Así que las incluimos en el menú a última hora y resultaron estar entre las triunfadoras de la tarde tanto entre el público infantil como el adulto. El otro día, no sé por qué, Adriana se acordó de ellas y las volvimos a hacer. Y el miércoles, otra vez. Para rizar el rizo, los deberes del cole de Adriana este fin de semana han consistido en redactar una receta y ella ha querido poner esta. Como voy hilando ideas de dos en dos, resumo la receta de Pepacooks en un formato made in 4 años como si fuera un cuento de pictogramas. El caso es que son muy agradecidas para cocinar con niños porque se forma como una plastilina con la que nada más tienen que hacer bolitas y no se monta ningún lío, y por eso os las recomiendo.

Ingredientes:

– 250 g de chocolate de cobertura (tipo Nestlé postres, aunque a mí me gusta que sea más negro y por eso creo que prefiero el Valor)

– 60 g de mantequilla

– 2 huevos

– 100 g de azúcar (yo uso azúcar glas)

– 200 g de harina de repostería

– Una cucharadita de levadura tipo Royal

– Una pizca de sal

– Más azúcar glas para rebozarlas

(En su receta pone, además, esencia de vainilla; podéis prescindir de ella pero yo creo que le da un toque.)

Fundimos el chocolate junto con la mantequilla. Se puede hacer en el microondas pero yo prefiero al baño María porque lo controlo mejor, solo se mancha una cazuelita más, y ni siquiera porque es agua, y se tarda lo mismo. Mezclamos bien y retiramos el bol para que pierda calor.

Aparte, batimos los huevos con el azúcar y la vainilla hasta que blanqueen y se monten un poco (unos cinco minutos). Incorporamos a los huevos+azúcar el chocolate+mantequilla templado y, por último, la harina que habremos mezclado con la levadura y la pizquita de sal. Mezclamos todo bien hasta que nos quede una masa más espesa que una mousse. La tapamos y la metemos en el frigorífico. Para hacerlo escrupulosamente bien, como me gusta a mí, lo suyo es entre 4 horas y toda la noche pero si lo que os ha pasado es que habéis decidido a última hora hacer estas galletas porque no tenéis otro plan mejor con los niños, pues solo dejáis que se enfríe un rato y ya está. Están tan buenas que, aunque queden un poco menos buenas, siguen estando muy buenas así que no dejéis que la falta de previsión frene vuestra capacidad de improvisación.

Cuando saquemos la masa y nos pongamos al lío, vamos calentando el horno a 180 ºC, con calor arriba y abajo.

Al enfriarse, la masa queda bastante dura, perfecta para manejarla con las manos, las manitas o las manazas, según lo que tengáis por casa. Ahora toda la dificultad está en hacer bolitas como si fueran albóndigas pequeñas y rebozarlas muy bien en azúcar glas como si fuera harina. ¿He dicho que voy hilando ideas de dos en dos? Precisamente el otro día Susana de webos fritos publicó esta entrada con un megaconsejo para dar forma a las albóndigas. Tengo que reconocer que al principio me pareció bien, pero dije «Bah, si a mí siempre me han quedado genial haciéndolo con las dos manos, como toda la vida». ¡Error! Nunca subestimes el poder de una taza de café. Resulta que este sistema es más limpio, consigue albondiguillas más redondas y encima solo usas la harina estrictamente necesaria. Así que, aunque las niñas se estaban empleando a fondo con sus bolitas, mi perfeccionismo fue detrás de ellas acompañado de una tacita con azúcar para darles el último toque de redondez y cobertura. Se van colocando un poco separadas en una bandeja con un papel de horno y se hornean durante 14 o 15 minutos. Para esta cantidad yo hago dos bandejas, y mientras se cuecen las primeras vamos haciendo las segundas. Se dejan enfriar en una rejilla y ya está.

Anuncios