Hay por aquí un enlace al blog de la clase de Adriana (2.º de Infantil). A mí me parece cuando menos extraordinario que los padres y madres podamos saber, ver y muchas veces escuchar lo que hacen nuestros hijos en clase. Es algo que nos ofrece la tecnología pero es obvio que debe haber también una cabeza y un par de manos dispuestas a dedicar parte de su tiempo a ello. Y se lo agradecemos mucho, y ella lo sabe. Aunque este blog, y supongo que cualquiera de estas características, no existe solo para que los padres sepamos lo que hacen nuestros hijos. Se trata sobre todo de un recurso más que la maestra pone a disposición de los niños, un apoyo para que nos expliquen qué han hecho durante el día y un medio a través del cual, poco a poco, ir expresando también sus ideas. En nuestra casa, leer el blog cada noche después de la cena se ha convertido ya casi en una rutina que intentamos no romper y en la que también participa la pequeña (y no es solo que Valeria muestre un interés desmedido por todo lo que hace su hermana, sea lo que sea).

La entrada de la actividad de ayer me ha llevado a reflexionar, más en un día como hoy, sobre todo lo que pueden ofrecernos la enseñanza y la sanidad públicas. Ayer, día de excursión al centro de salud que está dos calles más abajo, vimos que lo más importante es que haya profesionales motivados por lo que hacen y con ganas de compartirlo. Y eso es algo que no se paga con dinero. Ni público ni privado, porque va más allá de la remuneración o de los medios de los que disponga un centro. El CEIP Plácido Domingo no tiene un iPad por niño. Ni siquiera tiene, de momento, edificio propio. Pero sí tiene profesoras como Silvia y eso, para mí, es una suerte inmensa.

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