Qué más quisiera yo que a mis hijas les gustara montar en bici más de cinco minutos seguidos y darse un paseo por Madrid Río sin que nosotros tengamos que volver a casa con una niña en una mano y la bici en la otra. Pero como eso no es así y además Madrid ofrece un montón de cosas que hacer los fin de semana, las aprovechamos y dejamos lo del ejercicio físico para las tardes de parque.

Este sábado tocó teatro, que somos una familia bastante teatrera. Ya habíamos estado antes en La Escalera de Jacob, con resultados desiguales: de Las aventuras de un oso ritmoso todavía guardamos por aquí algún pequeño trauma pero El flautista de Hamelín, que vimos con los primos antes del verano, nos gustó mucho aunque para según qué niños puede tirar a ‘un pelín alternativo’. La última que hemos ido a ver  ha sido Las habichuelas mágicas, y creo que no exagero cuando digo que ha sido la mejor hasta ahora, y eso que llevamos unas cuantas en varios teatros de la ciudad. Bueno, tengo que ver la photo finish porque está ahí, ahí con cualquiera de las del Karpas Teatro, que también son un planazo.

La historia es la de siempre pero está contada de una manera muy original y superentretenida tanto para niños como para padres. Es lo que esperas cuando vas a ver una obra por la que pagas 36 € por familia de cuatro miembros, pero si está bien montada, los actores se dejan la piel como si estuvieran en el Teatro Real («mamá, ¿y por qué Juanito es el hijo si es muuucho más grande que su mamá?»), la sala es chulísima, todo el mundo participa y se ríe a carcajadas («mamá, ¿y po qué el oggo te ha ido a domí la tietaaa?»), el final es muy feliz y los niños se quedan con ganas de volver esa misma tarde («mamá, yo quiero que tooodos, todos los días sean como el de hoy»), no hay dinero ni tiempo mejor empleados. Os la recomiendo pero ya.

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