He venido a casa con este panazo debajo del brazo. Lo compré, lo congelé, lo dejé descongelar y lo metí en la maleta. Ya en casa, lo horneé 10 minutillos encima de la piedra y estaba exactamente igual que al salir de Tartine, justo una semana antes. Basado en la obra Tartine Bread, cualquier parecido entre la portada y la realidad no es coincidencia sino el resultado de un proceso y de una forma de entender el pan. El libro es precioso y ya está en el puesto número uno de tareas para este otoño: intentar hacer en casa algo parecido al pan de Tartine. Es un reto difícil y tengo mucho que aprender, pero espero poder contaros aquí los resultados.

Parece ser que el pan de San Francisco es famoso y que incluso hay una masa madre que lleva ese nombre. Más allá de panaderías más o menos ‘turísticas’, Tartine es una especie de lugar de peregrinación de los aficionados al pan y a la repostería en general. Y yo tenía que ir, claro, aunque me quedase sin cruzar el mismísimo Golden Gate. Por suerte no hizo falta renunciar a nada y el premio a un precioso paseo en bici entre la niebla fue este country loaf, su pan estrella.

Para mí, es el pan perfecto. De masa madre, un poco ácido (sí, ácido) pero a la vez ligeramente dulce, con la corteza muy tostada y la miga jugosa y elástica, casi gelatinosa. De verdad, espectacular. Uno de los panes que compramos el sábado dio para desayunar hasta el jueves incluido, y aún habría estado perfecto en unas tostadas el viernes si nos hubiéramos quedado un día más. (Por cierto: lo que me gusta a mí compartir un buen pan con buenos compañeros creo que me lo tengo que hacer mirar…).

Además de comprar un par de hogazas en Tartine, fue un auténtico lujo pasar un rato allí, tomando un café y probando algunos de sus dulces. Empiezan a sacar el pan a las 5 de la tarde y desde esa hora ya hay cola para comprarlo. Gente de todas partes, turistas, curiosos, supongo que vecinos del barrio, personas solas que comparten su merienda con desconocidos en la pequeña mesa comunal. Sandwiches, croissants, quiches, tartaletas, bizcochos, crumbles, scones. Es una panadería-cafetería sencilla pero muy acogedora, con el obrador a la vista y un olor que por desgracia ni se puede congelar ni se puede escribir en un blog. Mi estancia en San Francisco me deja muy buen sabor de boca.

Gracias por la inspiración de la foto y su título, por conducir y por acompañar. Ya sabéis quiénes sois.

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