Déjà vu

30 jun

Dragón

El año pasado por estas fechas, sentí la necesidad de compensar a Adriana y a Valeria por una larga ausencia materna. Busqué un lugar de playa adonde llegara un tren directo desde Atocha y un hotel, y allí nos presentamos las tres dispuestas a disfrutar de cinco días de veraneo al más puro estilo mediterráneo. El plan era simple: desayuno con (mucha) calma, playa, baño en la piscina, comida, siesta, merienda, baño en la piscina, cena y fiesta loca, que consistía cada noche en ver los títeres que todos los veranos hay en el paseo marítimo y dar un paseo por la playa antes de volver al hotel. De noche y descalzas por la orilla. Llamad a asuntos sociales si queréis, pero hay momentos en los que no se le puede pedir más a la vida. Fue poner un pie en casa y empezar con el “cuándo volvemos, cuándo volvemos”… Y así hasta que encontramos un puente en junio para fichar este año, esta vez la familia al completo +1.

Buscando un destino playero-familiar para unos pocos días, en Peñíscola marcamos unas cuantas casillas: sol, buena y extensa playa, un pueblo bonito, ambiente agradable… Además, hemos dado con un hotel en el que ya casi nos sentimos como en casa, el Jaime I. Si una web es el espejo del alma, con esta os podéis hacer una idea. Y aquí también marcamos unas cuantas casillas, porque es pequeño, cómodo y familiar, está cerca del pueblo y de la playa, y se come mejor que en muchos hoteles que presumen de estrellas: zumo de naranja natural y café recién hecho en el desayuno, paellas, fideuás y platos de cuchara en las comidas, y un buffet de postres que abre bocas pero de asombro. No busquéis lujos, vistas paradisiacas ni miniclub; a cambio, encontraréis un trato familiar y un lugar honesto y bien mantenido donde los clientes son caras conocidas de un año para otro. El plan de veraneo es eldetodalavida.

Que nos hayan quedado ganas de tripitir es una buena señal.

El brunch en familia

30 may

 

Calle«Aceptamos niños y perros.»

Esa fue la consigna para que nos decidiéramos a salir a desayunar con toda la tropa al último garito de moda del barrio de Salamanca. Lo que en teoría iba a ser un brunch acabó siendo una comida ligera y temprana: ser familia numerosa se nos está dando lo suficientemente bien como para hacer planes urbanos de casi todo tipo pero no tanto como para ser capaces de saber cuándo empiezan. Creo que habríamos acertado de cualquier manera, porque por Fonty parece que no pasan las horas.

Para empezar, el sitio es bonito. Sencillo y bonito, y es la excepción que confirma que no basta con poner un par de lámparas industriales, un suelo hidráulico y una mesa de madera para hacer que algo sea acogedor. La sensación que transmite es la de un lugar de calidad, honesto y sin pretensiones; lo que ves en el mostrador está tan rico como parece (o más) y el personal, en su punto de atención. Me habían dicho que no hacían reservas pero me parece que ya están cambiando la norma en vistas del éxito, así que conviene llamar antes de ir. En estos días de primavera de verdad en Madrid es un complemento perfecto a una tarde o una mañana en el Retiro.

Limón y merengue

Los cinco estuvimos a gusto y los cuatro que tenemos dientes comimos (o desayunamos) a placer: para las pequeñas, unas tortillas que parecían sacadas de cualquier bistrot parisino, y para los mayores, una combinación peruana perfecta: sandwich limeño regado con pisco sour. De postre… cualquier cosa, pero tengo una especie de obsesión con la tarta de limón y merengue, y aquí la bordan. Y por si hacen falta más alicientes para ir con niños, el dato práctico: los baños son bonitos, amplios, limpios… ¡y tienen un cambiador que es lo más en diseño y comodidad! Como madre de tres, eso algo a lo que ya no presto mucha atención, pero es verdad que se agradece que en un sitio cuiden tanto los detalles.

Y para terminar, Adriana y sus pinitos con la fotografía hipster. En cuanto aprenda a tirar de filtros, le abro cuenta en Instagram.

Suelo

Solo cinco minutos

23 abr

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Como los que he encontrado hoy para escribir esta reseña para el Día del Libro. Ya no recuerdo cómo di con estos 25 cuentos para leer en 5 minutos. El caso es que me pareció que tenía un formato cómodo y que ofrecía unos títulos sugerentes, así que me lo llevé a casa. De primeras, Adriana y Valeria dijeron que tenía mucha letra y poco dibujo, acostumbradas como están a otros libros visualmente muy espectaculares. Pero nada más terminar de leer el primer cuento, decidí racionarlos a dos al día para que el libro nos durara un poco.

Aunque no siempre se leen en cinco minutos (porque… ¿y por qué?, ¿y por qué?, ¿y por qué?) son cuentos breves, sencillos y entretenidos, y todos tienen una sorpresa que a veces cuesta encontrar, lo que hace la lectura aún más interesante. Y además es un libro “de bolso”, o sea que puede servir también para llenar esos cinco minutos potencialmente peliagudos. Por ejemplo: en la sala de espera del médico. Un, dos, tres, responda otra vez.

Si os pica la curiosidad, tenéis dos de los 25 aquí.

¡Muy felices lecturas para todos!

La caja medio llena

2 abr

Finn Herman

Aunque no os lo creáis, en esta casa se respiran de vez en cuando momentos de paz y tranquilidad. Son breves y escasos, pero existen, y suelen ser alrededor de un cuento o de una manualidad. Desde hace un tiempo, todos los meses tenemos una excusa para combinar estas dos actividades pacificadoras: la caja My Little Book Box que ha creado Boolino para fomentar la lectura entre los pequeños.

El concepto es igual que el de cualquier caja de suscripción periódica, sea de fruta, de verdura o de cosmética: en este caso, el contenido es un cuento y material para tres actividades plásticas relacionadas con la temática del libro. Aunque cuando lo conocí pensé que era una excusa para vender material de papelería a padres sin imaginación ni tiempo, he terminado por admitir la cruda realidad: no, la mayoría de los padres no tenemos imaginación, y mucho menos tiempo, así que las ideas buenas y bien presentadas son más que bienvenidas. Después de algunas cajas, lo único que no me convence es el nombre (no entiendo por qué algo tan largo y tan “en inglés”). A cambio, estas son algunas razones por las que me gusta:

- Te suscribes a una caja mensual, pero no tienes obligación de gastarte todos los meses los 18,90 € que cuesta. Si alguna caja no te interesa, la cancelas y punto.

- A finales de mes recibes un email con información sobre el cuento y las actividades que te tocan, y decides si lo quieres o no. Además, ves lo que traen las cajas de las demás franjas de edad (hay cuatro en total) para que la cambies si lo prefieres.

- Es perfecto para regalar: puedes comprar una caja suelta o usar la que vayas a recibir ese mes para algún cumpleaños que tengas cerca. A mí me parece un regalo completo y original.

- Los libros propuestos son joyas de la literatura infantil: nosotras hemos hecho grandísimos descubrimientos en estas cuatro cajas que llevamos. Incluyen una guía de lectura para que los padres podamos dirigir un poco la interpretación del cuento e instrucciones para hacer las actividades.

- El material que incluye es el necesario para las manualidades y también de muy buena calidad. Todo está cuidado al detalle y al final tienes la sensación de que, en conjunto, vale lo cuesta.

- Da para tener a toda la familia entretenida dos o tres tardes tranquilamente. A mí me ha venido fenomenal para estos meses de frío con recién nacido en casa (claro que no hay que quitar méritos al recién nacido, que nos ha dejado hacer manualiadades y de todo sin quejarse ni un poquito).

maceta-vacia

Y para muestra, nuestra caja de febrero. El cuento: La maceta vacía. Las actividades: unas macetas de arcilla, unas hojas de papel para hacer flores y un dragón chino de goma eva. Con el dragón estuvimos toda una tarde y quedó muy chulo. Y el cuento… pues es nuestro nuevo SUPERFAVORITÍSIMO. Tiene todo el sabor de la antigua China, dibujos de porcelana, una historia preciosa y, encima, moraleja sin resultar ni un poquito pedante ni previsible. Y los niños la calan enseguida, tomad nota si no lo que dijo Adriana nada más terminar de leerlo: “Mamá, este libro lo tengo que llevar al cole para que lo lea la profe en Atención Educativa, porque va de modelos positivos y modelos negativos”. Toma ya.

Normalmente la actividad la terminamos Adriana y yo empleándonos a fondo mientras Valeria nos ameniza la tarde con el baile del gorila (hay que fastidiarse) y Gonzalo le hace los coros a ritmo de “agú-agú” desde su trona. Muy completo, como veis.

Dragón chino

Tengo una mami lechera

28 mar

15dias

Fotografía: Pilar Villalain

¡Y no es una mami cualquiera!

Vuelvo con ganas de marcha porque lo hago con mi gran tema favorito: la lactancia materna. Un tema que podría enfocar de muchas formas y ninguna sería la correcta porque pocas cosas se prestan tanto a las opiniones externas como las decisiones de una madre. Mi punto de vista al respecto se resume en tres palabras (teta sí, siempre), pero voy a intentar que esta entrada sirva para animar a las primerizas que puedan estar leyéndola a dar el pecho y que en ningún caso se interprete como una crítica a las que no lo hacen. Aprovecho también para presentaros a Gonzalo, que ha venido a equilibrar las dosis de princesismo de esta familia a golpe de Gormiti y que ya tiene dos meses más que en esta foto. Quizás no se aprecie bien la aureola, pero es un SANTO.

Creo que una de las razones que me han llevado a escribir esto fue una noticia que leí hace tiempo: solo el 18% de las madres españolas sigue las recomendaciones de la OMS de dar el pecho hasta los seis meses. Y lo que más me llamó la atención fue esto otro: aunque la madre quiera amamantar, el camino no siempre es fácil. Porque la realidad es esa, que algo tan natural e innato en las mujeres —y en los recién nacidos— como es lactar, resulta ser, en la práctica, un reto difícil que muchas mujeres no consiguen superar.

Esta es mi tercera lactancia materna en menos de seis años y llevo muchas horas de vuelo con las dos anteriores. Aunque para mí las tres han sido “exitosas” —en el sentido de que los niños se han criado bien, yo no he tenido grietas ni mastitis y hasta la fecha las he prolongado todo lo que mis hijos y yo hemos querido—, en la primera los comienzos no fueron tan fáciles como en las otras dos. Con el paso del tiempo, me doy cuenta de que fueron las inseguridades propias y las influencias ajenas las que casi convierten en problemático algo que estaba funcionando bien. Pero la información es poder y una de mis mejores amigas me hizo el que de verdad es un regalo para toda la vida: el famoso libro del pediatra Carlos González sobre la lactancia materna. Es la fuente de información que te permite hacer caso omiso al 80% de los comentarios que escuchas cada día desde que nace tu hijo y que es capaz de resolver cualquier duda mirando el índice. Sí, eso que te pasa también está explicado ahí, y tiene una solución que no es dejar de dar el pecho. Incluyendo la mastitis.

Por el camino me he encontrado con mujeres que han elegido no amamantar, con mujeres que lo han hecho sin problemas igual que yo y con muchas otras a las que se les ha hecho más cuesta arriba por problemas derivados del parto, del posparto o del bebé. Muchas de estas últimas han conseguido dar el pecho en exclusiva a sus hijos gracias a una enorme fuerza de voluntad y a un apoyo impagable que las ayudó a pasar mejor los malos ratos y les infundió ánimos cuando pensaban que no valdría la pena tanto esfuerzo. En ese 18% del que habla el artículo habrá muchas madres que han decidido voluntariamente dejar de dar el pecho pero también muchas otras que lo han hecho sintiéndose frustradas, incluso fracasadas, y por desgracia mal asesoradas.

Como con casi todo, las opiniones respecto a la lactancia materna pueden llegar a ser bastante radicales, y es fácil criticar a la que no hace lo mismo que tú. Yo creo en el esfuerzo y la voluntad, y dar el pecho a mis hijos forma parte de mi visión integral sobre la alimentación en general y la infantil en particular. Aun así, soy consciente de que no siempre es un camino de rosas. Por eso estos son, para mí, los puntos de partida para una lactancia feliz:

- Ten toda la información que puedas antes de dar a luz, y apóyate en profesionales sanitarios —matrona, pediatra, enfermera— que piensen como tú. Lamentablemente, muchas veces son los propios sanitarios los que fomentan el biberón en lugar de ayudar a una madre que quiere lactar y no sabe muy bien cómo.

- Todas las mujeres pueden dar el pecho y todas tienen la cantidad y la calidad de leche que su hijo necesita, aunque no siempre se refleje en la curva de peso. Si quieres que tu lactancia materna salga adelante, evita la tentación de dar biberones, sobre todo al principio. Y, si puedes, olvídate también del reloj: cada niño es un mundo.

- Los bebés nacen con hambre y lloran. La manera de que dejen de llorar es ponerles al pecho al principio, todo el rato. A veces, eso significa muchas horas, de día y de noche, y es duro después de dar a luz. Pero son unos días y las mujeres de hoy no tenemos 20 hijos, así que no tenemos que pasar por eso 20 veces en nuestra vida.

- Las grietas solo salen por una mala posición del bebé. Infórmate, cuida siempre que la posición sea correcta y pide ayuda siempre que la necesites: en el hospital, en tu centro de salud o en redes de mujeres lactantes. Sea quien sea, que tenga criterio, y confía en que te va a ayudar.

- Dedícate a lactar en cuerpo y alma, ahora es tu trabajo: es como cocinar para tu bebé el plato más sabroso y nutritivo que puedas hacer. Eso lleva tiempo y a veces es muy cansado pero merece la pena. Además… no creo que haya nada más casero ni ecológico, ¡y gratis!

- Cuando tu bebé y tú le hayáis cogido el tranquillo a la lactancia materna, verás que es mucho más cómodo, práctico y rápido que dar biberones. Lo tienes que hacer tú y nadie más que tú, es verdad, pero, otra vez: ¿cuántos hijos vas a tener y durante cuánto tiempo van a ser bebés?

- Y tal vez lo más difícil: quítate de encima toda la presión que puedas y disfruta de tu bebé. Da el pecho todo el tiempo que tu bebé y tú queráis, pero hazlo tranquila y convencida.

 

Dos listas muy listas

30 dic

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Vamos con un poco de retraso en nuestro asesoramiento anual a los Reyes Magos pero supongo que estas alturas eso ya no es ninguna novedad. Lo bueno es que gracias a estas ciclogénesis explosivas navideñas hemos tenido tiempo para juntarnos las tres Marías y escribir nuestra primera entrada conjunta en el blog. Es un placer para mí presentaros, en riguroso directo, las recomendaciones de Adriana y de Valeria con sus cuentos favoritos de este año. Ya he contado más veces que las dos leen, escuchan y ojean todos los cuentos que tienen pero, si os dejáis guiar por sus preferencias y por si sirve de orientación, Adriana va por los cinco años largos y a Valeria le quedan un par de meses para cumplir los cuatro.

Adriana:

- Los vestidos de mamá: «La parte que más me gusta es cuando la mamá se pone el vestido de flores y de corazones porque la niña revolotea por las flores y se sienta en un corazón.»

- Margarita: «Porque va a coger la estrella y luego le riñe su papá y ella la quería para hacerse una joya.»

- Sopa de calabaza: «Porque al final todos juntos se ponen a hacer la sopa y se les olvida que han discutido.»

- ¿Puede pasarle a cualquiera?: «Porque su mamá aprende que las cosas no solo se les caen a los niños sino también a los papás por la noche.»

Valeria:

- Así te quiero, mamá: «Por los dibujos, porque son de niños y hay muchos colores.»

- La cebra Camila: «Porque el arco iris le da rayas de todos los colores.»

- Pequeño azul y pequeño amarillo: «Porque luego se juntan y se ponen de color verde, y porque en el colegio todos los amigos de todos los colores se abrazan y se vuelve todo multicolor.»

- Antípodas: «Porque la niña pasa y pasa y pasa y pasa y pasa hojas, y atraviesa el mundo.»

Doy el visto bueno como madre, por supuesto, aunque leyendo estas reseñas veo que me tengo que dar por aludida más de una vez y de dos.

A qué saben los cuentos

6 dic

Espacio Kalandraka

Hace muchísimo tiempo que no recomiendo nada, lo sé. Pero qué voy a recomendar, si lo más exótico que me ha pasado en los últimos meses es cambiar la línea 3 de Metro por la 1 con un transbordo en la 6. Si lo más lejos que llego es a la oficina. Si enciendo el horno lo justo para que no le salgan telarañas. Si cuando por fin tengo 10 minutos libres se me cierran los ojos, se me duermen las manos y no me sujetan los pies. Si esto últimamente parece un blog de autoayuda.

Por suerte para todos, hay luz al final del túnel (o al principio, que es adonde nos encaminamos otra vez en esta familia). Y la ves cuando menos te lo esperas: un sábado por la mañana, sin ningún plan concreto, Twitter te da la información y decides ir a inspeccionar. Te llevas un cuentacuentos extraordinario y un par de favoritos nuevos para la biblioteca infantil.

Si os gusta leer cuentos con vuestros hijos, seguro que conocéis la editorial Kalandraka. Pues ya tienen sitio propio en Madrid, en el Barrio de las Letras. Acaban de abrir “Espacio Kalandraka“, en un local chulísimo donde Belén, Manuela y muchos personajes conocidos te reciben con los brazos abiertos. Hay que estar atentos porque además de cuentacuentos quieren ser un punto de encuentro de autores e ilustradores, y también desarrollar otras muchas actividades. A nosotras el cambio de aperitivo del sábado nos supo muy bien.

Os podría recomendar cualquiera de sus títulos, pero hoy os dejo los dos que eligieron Adriana y Valeria: La ratita presumida y Mamá (ideal sobre todo si quien lo lee es la madre por aquello de subirnos un poquito la autoestima, y tal). Y, sin duda, sus colecciones de minilibros, o cómo siete cuentos enormes pueden ocupar menos que un paquete de pañuelos y sacarte de muchos más apuros.

Adriana con cuentos

 

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